La primera vez que fui a Rio de Janeiro vi bajo un viaducto una composición casi infinita de palabras que al principio me parecían muy locas, además de poco usuales. Se veía raro, como si a un grafitero sólo le hubiese alcanzado el presupuesto para comprar pinturas al frío. Los colores de la bandera del Brasil eran evidentes. Cuando me acerqué un poquito más a los gráficos en el carro distinguí la frase “GENTILEZA GERA GENTILEZA”. Le pregunté a Eduardo quién lo había hecho y me habló de un personaje muy famoso en Brasil llamado “Profeta Gentileza”. Hasta ahí quedó el tema, hasta hoy.
Era muy temprano cuando llegué a la oficina de mi mamá. Había en la puerta un señor mayor con algunas cosas en las manos que le imposibilitaban a abrirla. Saludé con una sonrisa y abrí la puerta para él. Pasado un rato, cuando estaba subiendo por las escaleras, gracias a mi torpeza, se me cayó la carpeta que debía dejar en la oficina y una cantidad de documentos salió de ella. En medio de la arrechera, el mismo señor de más temprano apareció, me saludó con una sonrisa y me ayudó a levantar el desastre. Ahí pensé “la gentileza genera gentileza”.
Ayuden a otros con gusto y verán que siempre les tenderán una mano cuando lo necesiten.